
Al fin, se decidió. Se enfrentó al espejo. Siempre le habia temido a ese "otro mundo", ese plano desconocido de lo real.
Se propuso ser valiente; tarde o temprano iba a llegar esa confrontación.
Se paro frente a èl esbozando una sonrisa de incomodidad. Despuès de todo - se dio cuenta - no había de què temer, ese mundo era solo un reflejo de èste, creyó; una especulación. Se acostó a dormir. Al despertar volvió a observarse, pero no estaba como el dia anterior. Tenía un aspecto avejentado. Se horrorizó y emitió un grito desgarrador. No tendría que haberse enfrentado a eso jamás...
De pie frente al óvalo brillante preguntó què es lo que había pasado, si esa imagen suya era real, o una simple fantasía. El espejo contestó: "Nada es real, todo es ficticio; desde las imágenes, hasta los pensamientos, todo lo qe se "ve" es imaginario y es solo tu mente la que juega ese juego". Tal vez la vejez que està demostrando, màs allà de sus tiernos quince años, es una vejez del espíritu, una pèrdida de inocencia, acaso producida por el entorno, por esa estúpida necesidad de maduración. ¿Por què querer crecer, dejar atrás los juegos, la ternura y la inocencia?. Llorando, ella contestó que ya estaba cansada de vivir siempre lo mismo. Quería experimentar nuevas sensaciones, conocer la intimidad, las responsabilidades...
El espejo hizo un silencio. La vida es una sola - dijo despuès -, un instante perpetuo, el ayer y el mañana son sólo imágenes, reflejos de reflejos, especulaciones.



